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Queridos
feligreses de la Parroquia San Felipe Neri:
Quisiera
dejar mi saludo y mensaje al comenzar este nuevo
servicio ministerial como guía y pastor de esta
comunidad parroquial. La base de mi mensaje está
tomado de la homilía que realizo el miércoles Santo,
el Cardenal Bergoglio en la misa Crismal celebrada
en la Catedral de Buenos Aires, junto a todo el
clero arquidiocesano, celebrando también el día de
la Institución del sacerdocio.
“El Señor
entra una vez más en la Sinagoga de Nazareth y con
el señorío sereno que lo caracteriza define la
verdad de su misión”. Se presenta como ungido y
enviado. “El me envió a llevar la Buena Noticia a
los pobres”.
“Ungido y
enviado, ungido para ungir". Esta realeza ha querido
participarla con nosotros, reconociéndonos ungidos y
enviados, ungidos para ungir. Al ser ungidos por
esta Bondad nos convertimos en ungidotes. Somos
ungidos para ungir. Ungidos para hacer sentir la
Bondad y la Ternura de Dios a toda persona que viene
a este mundo. Este bálsamo de la Bondad Divina no es
para que lo enterremos, como el que enterró su
denario, ni para que lo guardemos enfrascado, serán
distribuidos en los crismeros de los curas para
salir a tocar la carne vulnerable del pueblo fiel de
Dios, que necesita el bálsamo de la Bondad Divina
para continuar el duro peregrinar por esta vida.
Nuestra
ciudad, nuestra parroquia, necesita ser ungida allí
donde la bondad se vive naturalmente, en sus casas,
escuelas, hospitales, también donde la bondad está
en lucha, en esos espacios que a veces son tierra de
nadie y pasan a ser ocupados por el interés egoísta.
También donde se encuentra el mal: la agresión y la
violencia, el descontrol y la corrupción, la mentira
y el robo.
Nuestro
pueblo necesita sacerdotes ungidores, sacerdotes que
sepan salir de su autocomplacencia y eficientismo y
se den con simples gestos de bondad. Sacerdotes
salidores que se aproximen al otro, acoger
cordialmente, darse tiempo para hacer sentir a la
gente que Dios tiene tiempo para ellos, ganas de
atenderlos, de bendecirlos, de personarlos y de
sanarlos. Sacerdotes que ungen sin mesianismos ni
funcionalismos. Sacerdotes que no guardan el frasco
sin romper. Sacerdotes salidores y que estén cerca
del Sagrario, que vuelven al Sagrario para cargar de
aceite sus lámparas antes de volver a salir. La
Bondad cansa pero no agota. La Unción hace que los
pequeños gestos de bondad sacerdotal estén cargados
de alegría y de eficacia apostólica.
En este
día renové mi consagración y pido la Gracia al Señor
para poner en práctica estas palabras de nuestro
Pastor. Recen para que pueda vivirlas.
P. Rubén Sirera
Cura Párroco |